domingo, 13 de septiembre de 2015

Para quienes esperan que el hombre violento cambie...

Transformando emociones de la adversidad a la fortaleza.

Violencia masculina en la pareja


Sobre el deseo de ella de que él cambie
 
y la resistencia al cambio de él…

 
Escrito por Sarah Russek de Weiss,
 
psicoterapeuta Cognitivo. Conductual

 

Si eres una mujer que soporta la violencia de un esposo que te maltrata, sabes que a los ojos de un observador externo simplemente no deberías permitirlo. Que deberías separarte.
Pero no lo haces.
Puede ser que tengas temor al castigo o a las represalias,  o que te sientas sin medios alternativos de apoyo económico. Quizá te preocupen tus hijos, o que aún sientas que le necesitas a él para no estar sola. Quizá no encuentras apoyo en la familia y/o amigos; y te da miedo la estigmatización de ser “divorciada”.
O quizá simplemente estás esperando que él cambie…
 
Que no te sorprenda que  pudieras estar esperando que él cambie. Sabes, no eres la única, es parte del síndrome de la mujer maltratada esperar que eso suceda. Estudios cualitativos integrales en Estados Unidos, África, América Latina, Asia y Europa, revelan que esperar “a que él cambie” es un factor que puede determinar que las mujeres maltratadas continúen en una relación violenta. Muchas veces esa falsa esperanza es lo que permite que siga el círculo de la violencia.
 
En realidad las posibilidades de que suceda “que él cambie” son muy bajas. En la absoluta mayoría de los casos las posibilidades son nulas. La resistencia al cambio por parte de los hombres violentos con la pareja, es parte de su perfil como hombres golpeadores.
 
Incluso en aquellos hombres golpeadores que acceden a asistir a un tratamiento psicológico, la resistencia al cambio es uno de los rasgos más característicos. Mientras más se les presiona para cambiar, más se resisten.
 
También existen hombres violentos aparentemente muy amigables y seductores. Quienes falsamente consienten a todos los señalamientos e indicaciones de las personas involucradas o interesadas en que la violencia hacia determinada mujer se contenga. Pues adulan y hacen creer que están dispuestos a cambiar, cuando en realidad la resistencia al cambio impera en ellos. Simplemente no creen que algo esté mal en ellos, o que deban cambiar nada.
 
Un hombre maltratador generalmente tiene un mal pronóstico.  Aún si finalmente “alguien hablara” con él para convencerlo. Difícilmente él entrará en razón. El hombre violento, tratará de esquivar la situación e irse por las ramas, si es que no cuestiona o confronta a la bien intencionada persona en cuestión. Y si el interlocutor “le impone”  por alguna razón, el hombre violento optará por seducirlo, “hacerle la barba”. Buscará manipular la situación a su favor siempre, ya sea que quien trate de convencerlo sea un familiar, líder comunitario, sacerdote, amigo o terapeuta. En ninguno de los casos se asumen a sí mismos como golpeadores.
 
En este sentido la problemática se parece a la de las drogas: la negación típica de los adictos a reconocer su adicción es muy similar a la del agresor para reconocer su responsabilidad sobre su conducta violenta, o sobre la necesidad de cambiar.
 
Los  especialistas a nivel mundial en el tema, han estimado que menos del 1% de los esposos agresores derivados a tratamientos específicos llegan a reconocer que necesitan cambiar y quieren realmente cambiar.
 
Hay algunos hombres violentos que aparentemente por su propia cuenta buscan ayuda. Aunque técnicamente pareciera que buscaron ayuda por su propia voluntad, como si “realmente quisieran cambiar”, en realidad existen otros motivos que los impulsan. Muchas veces es por temor a que se termine el vínculo con su pareja. Pocos son los que realmente aceptan la ayuda porque perciben tener un problema.
 
Más de un marido violento regatea con su compañera frente al  terapeuta poco experimentado o cualquier tercero que se haya prestado de “mediador” o “ayuda”.  Los hombres violentos hacen todo para hacer los menos cambios posibles. Además de que es muy probable de que manejarán la situación como si fuera “un problema de dos” o “totalmente un problema de ella, por loca, irresponsable, ladrona, mentirosa, etc.”¡A veces hasta llegan a convencer al interlocutor! Cuando en realidad él, quien ejerce el abuso emocional o la violencia, es el único responsable de su conducta. No hay nada, absolutamente nada, que justifique la violencia.  
 
Algunos hombres violentos, -si llegan a ver decidida a su esposa a separarse y perciben “que va en serio”-, cuando bien les va, a veces acuerdan ir a tratamiento sólo para ir un par de sesiones; con el objeto de regresar a su casa a la normalidad, “para reconciliarse” o para que su esposa no le denuncie.
La mayoría de los hombres golpeadores  consideran que el problema está en la mujer, sin focalizar su propia violencia. Sencillamente creen que si alguien tiene que cambiar es ella.
Y quizá tengan razón… pero no de la forma que ellos creen.
 
 A veces la persona maltratada puede sentirse tan limitada que “no hacer nada” es la mejor manera que ha encontrado hasta ahora de protegerse a sí misma y a sus hijos. Pero no te engañes, él no va a cambiar, busca ampliar tus opciones y si no las tienes créalas.
Que él no cambie no implica que tú no cambies.
Recuerda que tú si puedes hacer algo.
Hay quienes están especializados en este tipo de problemática y te apoyarán para que recuperes tu fortaleza interna y el ser dueña de ti misma.
¿Hace cuánto que perdiste tu capacidad para la alegría? Recupérala.
Mereces una vida sin violencia.

martes, 8 de septiembre de 2015

Bullying: unas palabras de asesoría para los padres

Transformando emociones de la adversidad a la fortaleza.



Bullying

Abrir la comunicación y mostrar el apoyo de los  padres a los hijos puede hacer una gran diferencia.

Por Sarah Russek de Weiss

psicóloga y terapeuta cognitivo-conductual

            
    Cuando un hijo o hija se siente indefenso y piensa que decir o contar lo que le pasa “no va a servir de nada” , y a la vez piensa que  “no se vale acusar”, que hablar es “ser chismoso” o que le dirán "eres un soplón”,  es muy posible que los padres no se enteren del sufrimiento por el que están pasando sus hijos en manos de sus compañeros o incluso en manos  de otros adultos, en los que han confiado.

                El bullying es un fenómeno, que se forma con  una combinación mortífera de elementos: Un bully que obtiene lo que quiere de su presa, a quien sobaja maltratándola CONSTANTEMENTE. Una víctima que teme decir o contar, observadores que miran indiferentes o temerosos, cómplices que  participan o alientan el bullying, TESTIGOS QUE VEN PARA OTRO LADO y adultos que ven el bullying, como algo “normal”, o como simples bromas, o como parte de “crecer”, como diciendo “niños son niños”. O simplemente, adultos descuidados que “no se enteran” o no quieren enterarse.

                ¿Por qué un hijo no cuenta sobre el bullying a sus padres?

·         Siente vergüenza.

·         Tiene miedo de amenazas y consecuencias.

·         No cree que alguien pueda ayudarle o no cree que nadie vaya a ayudarle.

·         Se siente indefenso y sin esperanza.

·         Compró la mentira de que el bullying es “parte de crecer”.

·         Puede creer que los adultos también creen esa mentira, o ve que ellos también  hacen bullying o que minimizan el bullying.

·         Cree que acusar a un compañero es algo malo, nada “cool”, o nada bien visto.


Platica con tus hijos cada día de lo que pasa diariamente y pon atención a posibles señales de alarma, como desánimo por la escuela, baja en calificaciones, aislamiento, pérdida de alegría y espontaneidad, miedos, inseguridad, etc.


También le puedes preguntar:

¿Hay algún bully o algunos bullies en tu clase?

¿Qué tipo de cosas dicen o hacen?

¿Hay algún niño al que estos bullies escogen cada vez?

¿Alguna vez te han hecho bullying a ti?


Mensajes para tu hijo importantes:

·         Te escucho, estoy aquí para ti, te creo, no estás solo en esto.

·         No es tu culpa.

·         Hay cosas que puedes hacer.

·         Es importante reportar el bullying al personal de la escuela, yo puedo ayudarte si me lo permites; encontraremos la mejor manera.

5 cosas que no deben hacerse, sobre todo si no has sondeado a fondo la dimensión del problema:

·         No minimizar o justificar o explicar el comportamiento del bully.

·         No corras a resolverle el problema a tu hijo.

·         No digas a tu hijo que evite al bully.

·         No le digas a tu hijo que pelee de regreso.

·         No confrontes al bully o a sus padres solo.


Y sobre todo, no dejes de pedir asesoría o  ayuda de algún profesional especializado. Haz equipo con la dirección del colegio.

viernes, 4 de septiembre de 2015

El síndrome del emperador / Padres que queriendo a sus hijos, les dañan cuando les dan de más.

Transformando emociones de la adversidad a la fortaleza.


El síndrome del emperador / 

Padres que queriendo a sus hijos, les dañan cuando les dan de más.

Por Sarah Russek de Weiss, Terapeuta Cognitivo Conductual.

Educa al niño de acuerdo a su propio camino, para que crezca y  no se aparte de éste.

- Proverbios 22:6


Llegar a ser considerados una fuente de bien para nuestros hijos, es sin duda un anhelo que todo padre o madre, comparten. Pero es un anhelo que cobra vida de muchas maneras.  Anhelar ser una fuente de bien para otros, es un anhelo del deseo de Dar, sin embargo, saber Dar es sin duda todo un Arte. Un Arte que requiere de una destreza, del manejo de una técnica y de un sentido estético, es decir de un sentido adecuado del equilibrio y las formas…  De hecho, para muchos, es más difícil saber Dar que Recibir… Y cuánto más cuando se trata de los hijos.
En ocasiones los papás y las mamás dan a sus hijos sin un formato  adecuado, causándoles  un daño, aún cuando la intención primera en su corazón sea positiva.  Dar  de maneras inconvenientes puede  resultar  en una situación que es todo lo contrario a una  bendición. Por ejemplo,  al  darlo todo desproporcionadamente,  al sacrificarse desmedidamente  para que no sufran, es muy probable que se les esté impidiendo un adecuado desarrollo y por lo tanto la capacidad de llevar una vida adulta plena.
Por difícil que parezca  a veces los progenitores no advierten que están dando de manera desmedida.  A veces no toman conciencia que al Dar a sus hijos inadecuadamente, más que ser una fuente de bien, se están convirtiendo en una fuente de mal para ellos. Tomemos por ejemplo, el caso de los niños que padecen lo que los  psicólogos e investigadores llaman “El Síndrome del Emperador”.
El Síndrome del Emperador es generado en los hijos, cuando los Padres -en su afán de hacerlos felices a toda costa y de que no sufran jamás-, simplemente dan de más. Los niños piden y ellos dan (aún lo que no piden y aún lo que no pueden dar).  Estos padres para poder satisfacer su propio deseo de Dar, se dicen cosas a sí  mismos como: “Es que está creciendo…” “Es que todos en su clase lo tienen…” “Es que no quiero que sufra.”   . Estos padres mandan el mensaje constante a sus hijos de que  “son los reyes”, “quienes  verdaderamente mandan” o de que “no les toca como hijos encargarse de aquello que genere incomodidad o frustración, que “eso es cosa de los papás”. Dar un poder desmedido (si bien,  incapacitante)  a los hijos, es la raíz principal de este Síndrome.
Los niños emperadores a los -que sus padres, en su anhelo de ser una bendición para ellos, les han dado todo sin límites “para que no sufran”- se convierten en niños cuyo síndrome se caracteriza por su incapacidad para tolerar las dificultades de la vida, ya que les faltó aprender  precisamente, una adecuada  tolerancia a la frustración. 
Sus padres se desvivieron con tal de que ellos “mientras estuvieran creciendo, jamás sufrieran, jamás se frustraran, etc.” A estos niños y adolescentes  les cuesta mucho trabajo por lo tanto, adaptarse ya no sólo al dolor que conlleva a veces vivir, tampoco se pueden adaptar a los diferentes encuadres sociales, académicos, laborales, etc.  Simplemente les cuesta mucho asirse de la vida, sufren y culpan a sus padres, pues no les dan más o suficiente; y nunca será suficiente.
Los hijos de los padres que dan demasiado, han vivido en un entorno casi libre de frustraciones y de oportunidades para probar sus propias fuerzas al salir adelante de sus propios problemas. Por ello, padecen de una vulnerabilidad, a veces crónica, ante las dificultades. No poseen la adecuada estructura mental  o cognoscitiva para resolver las contrariedades que se van presentando en su vida. Sus padres siempre les resolvieron los problemas, por lo que, en ese afán de protegerles, no les permitieron afrontar las consecuencias de sus actos. Es decir, no les permitieron aprender a valerse por sí mismos.
A veces esta sobreprotección de los padres hacia sus hijos, fue gestada ante la duda de si estaban criando bien a sus hijos o no. Es decir, que ante el temor de llegar a ser padres demasiado fríos, distantes o duros, les protegieron con mimos excesivos o evitándoles todo malestar, dolor o sufrimiento. A veces son padres que dieron de más al dar lo que ellos no tuvieron.
Como toda la responsabilidad fue asumida siempre por los padres, estos niños generan dependencia, falta de iniciativa, egoísmo, intolerancia, desadaptación y tiranía. Son hijos de padres que incluso llegaron literalmente a sacrificarse por ellos: con tal de darles el coche, el celular que ellos mismos no tienen, el viaje… En este esquema los padres están al servicio de los hijos, de ahí que “los pequeños” se vuelvan unos verdaderos tiranos, tal cual como emperadores, y los padres, sus esclavos. Es importante decir que este fenómeno no tiene que ver con clase social, nivel educativo o capacidad económica de los padres. La raíz del problema, como mencionamos arriba,  está en el esquema de creencias que los padres tienen en su mente acerca de qué es ser “buenos padres”, son las ideas de “que los hijos no sufran”, “que los padres nos tenemos que hacer cargo”, etc. Las que generan  un desbalance al momento de Dar.
Cuando un niño ha recibido desmedidamente,  ha recibido  poder y control desmedidos. De ahí que, cuando un hijo ha vivido bajo la falsa idea de que es “rey” y de que “sus papás están a su servicio”, de que “el mundo está para obedecerle”. Un daño grave  ha vulnerado la psique de ese niño o adolescente y su capacidad para lidiar con la realidad.
Para ser unos padres que sean una fuente de bien para sus  hijos, es importante recordar que la meta debe ser  que los niños vayan generando su propio repertorio de afrontamiento, que puedan asumir de acuerdo a su edad sus responsabilidades y las consecuencias de sus actos. Que   acrecienten su capacidad para la supervivencia, para lidiar con las incomodidades o dolores de la vida.
Para  crecer sanos necesitan aprender a tolerar frustraciones. No ganamos nada buenos si se les protege de los malestares o  dificultades razonables que corresponden a la edad o la maduración del niño.
Los hijos en realidad, para recibir un amor sano de nuestra parte: necesitan que les permitamos  aprender a experimentar sufrimiento, aunque cobijados por nosotros como padres. Y un poco del malestar que les va trayendo la vida, lo suficiente para que aprendan de estas  experiencias a resolverse quiénes son, y a vivir su propio camino de crecimiento y respuesta; y sobre todo a ser capaces de padecer esos malestares o incomodidades al Dar ellos mismos a otros.
Para ser una fuente de bien para los hijos, como padres debemos ser una autoridad basada en el diálogo, con amor, sensibilidad, comprensión.  Explicarles lo necesario, dejarles vivir, elegir y afrontar consecuencias.  Enseñarles análisis y reflexión en la toma de sus  decisiones, modelarles con el ejemplo una actitud de ret .
Pero para ello, es necesario que la última palabra, sea siempre la de los padres. No la de los hijos. La democracia se deja para lo opcional y accesorio, no para lo esencial. En lo substancial, en lo básico, en las cuestiones de criterio, los padres son los que deben tomar  las decisiones  teniendo en mente el bien último de sus hijos, aunque para llegar a éste haya que pasarse por unas buenas dosis de frustración. 
Cuando nos mueva el deseo de “dárselos todo” démoslo, pero a largo plazo, no a corto plazo...  Cumplamos así con el anhelo de Dar y ser una Bendición para nuestros hijos,  una  fuente de Bien para ellos.


viernes, 28 de agosto de 2015

IM A NEW SOUL I CAME TO THIS STRANGE WORLD...

Transformando emociones de la adversidad a la fortaleza.

Un corto video que inspira de forma cómica a reflexionar...
-lo profundo de la vida es más simple de lo que uno cree.
                                                      (desenrédate con TCC)


IM A NEW SOUL I CAME TO THIS STRANGE WORLD

he aquí la letra:

IM A NEW SOUL I CAME TO THIS STRANGE WORLD
HOPING I COULD LEARN A BIT ABOUT HOW TO GIVE AND TAKE.
BUT SINCE I CAME HERE FELT THE JOY AND THE FEAR
FINDING MYSELF MAKING EVERY POSSIBLE MISTAKE

LA-LA-LA-LA-LA-LA-LA-LA...

IM A YOUNG SOUL IN THIS VERY STRANGE WORLD
HOPING I COULD LEARN A BIT ABOUT WHAT IS TRUE AND FAKE.
BUT WHY DONT PLEASE TRYING TO COMMUNICATE F
INDING JUST THAT LOVE IS NOT ALWAYS EASY TO MAKE.

LA-LA-LA-LA-LA-LA-LA-LA...

THIS IS A HAPPY END CAUSE YOU DONT UNDERSTAND
EVERYTHING YOU HAVE DONE WHYS EVERYTHING SO WRONG
THIS IS A HAPPY END COME AND GIVE ME YOUR HAND
ILL TAKE YOUR FAR AWAY.

IM A NEW SOUL I CAME TO THIS STRANGE WORLD
HOPING I COULD LEARN A BIT ABOUT HOW TO GIVE AND TAKE
BUT SINCE I CAME HERE FELT THE JOY AND THE FEAR
FINDING MYSELF MAKING EVERY POSSIBLE MISTAKE

LA-LA-LA-LA-LA-LA-LA-LA...

LA-LA-LA-LA-LA-LA-LA-LA-LA-LA....


¿Cómo hablar del divorcio con tus hijos?

Transformando emociones de la adversidad a la fortaleza.



¿Cómo hablar del divorcio con tus hijos?

“Cuando me enteré del divorcio de mis padres cambió mi vida”

- joven de 21 años  hablando en  retrospectiva.


Por Sarah Russek de Weiss, Psicóloga y Psicoterapeuta Cognitivo conductual.

            El miedo a ver sufrir a los hijos es natural. Por lo que la simple idea de hablarles de divorcio genera un estrés importante. Algunas personas prefieren simplemente posponer cualquier decisión al respecto, o sencillamente permanecer en  matrimonios insatisfechos. Incluso destructivos. En algunos casos sólo para descubrir una y otra vez nuevos niveles de destrucción y violencia. Paradójico al deseo inicial de proteger de cualquier sufrimiento a los hijos, la simple posposición o no resolución de los conflictos agrava más los problemas causando simplemente más perjuicio y por lo tanto sufrimiento.

            Aún y cuando las parejas sí deciden separarse, a veces se separan sin decir a los hijos nada… ¡simplemente nada! Por ridículo que esto parezca, es frecuente. Obviamente no comunicar a los hijos una decisión como ésta es debido al miedo a dañarles.

            Sin embargo, hacer así, les causa más daño y dolor que si los padres les  hubiesen comunicado la decisión del divorcio o la separación adecuadamente.

            Hay formas más adecuadas y menos adecuadas de comunicar la decisión de un divorcio. Y es importante que los padres que estén considerando separarse lo tomen en cuenta. Una buena comunicación puede hacer la gran diferencia entre el dolor natural pero manejable de un divorcio, versus un sufrimiento que pueda representar un daño subsecuente.

            Si no hay una adecuada información, los hijos se fabrican falsas ilusiones e  ideas erróneas respecto al futuro, la situación, o el amor hacia ellos. En consecuencia tardan más en comprender, en aceptar y en sobreponerse.

            De ahí la importancia de planear, cuándo, dónde, y quién o quiénes informarán a los hijos del divorcio. (En una encuesta realizada por Sand Castles y Gary Newman en E.U. en 1998, el 25% de los hijos de padres en proceso de divorcio se enteran por otras personas diferentes a sus padres, por amigos, por parientes, por profesores, por amigos de sus padres, otros; o por simplemente haber escuchado a sus padres hablar de eso.)

            Planear la manera de informar a los hijos del divorcio requiere idealmente la participación de ambos padres, independientemente de la edad de los hijos; y hay varios puntos a tomar en cuenta, por ello lo mejor es buscar la ayuda de un  profesional capacitado que pueda dar una asesoría  especializada y personalizada a detalle.

            Esta planeación puede ser asesorada o dirigida dentro del marco de una Terapia Cognitivo Conductual de Pareja, o Individual.
RECUERDA: SOMOS LIBRES DE ELEGIR, PERO NO DE LAS CONSECUENCIAS DE NUESTROS ACTOS,
POR ELLO ES IMPORTANTE LA ANTICIPACIÓN, LA  PLANEACIÓN, ASÍ COMO LA PREVENCIÓN.

lunes, 17 de agosto de 2015

Algunas palabras sobre el afán perfeccionista

Transformando emociones de la adversidad a la fortaleza.



¿Parece que nunca nada sale bien o que no es como te lo imaginabas...?

 -Por Sarah Russek de Weiss, psicoterapeuta Cognitivo Conductual

Pues qué crees... LA VIDA ES EL 10% DE LO QUE TE ESTÁ OCURRIENDO.
EL 90% ES CÓMO REACCIONAS.

Una buena manera de solucionar ese sentimiento de insatisfacción constante, de frustración o de que “nada es suficiente”:

¡ABRAZA LA IMPERFECCIÓN!

Después de todo, lo “perfecto” es enemigo de lo “bueno”.

En serio, este es un sencillo plan.

Aprende a retar tus pensamientos  automáticos perfeccionistas.

Pero primero, aprende a reconocerlos. Por ejemplo,

Cuando empieces a pensar otra vez,  cosas como:

“necesito limpiar a fondo mi casa antes de invitar a mis amigos” (lo que significa que rara vez les invitas o que cuando lo haces no precisamente lo gozas)

 “necesito bajar de peso para poder ir al gimnasio” (lo que significa que la sola idea de estar pasado de peso y de sentirse evidenciado al hacer algo al respecto, te impide moverte y dar solución a tu sobrepeso)

“no puedo relajarme hasta saber que todo está en orden” (rara vez podemos estar seguros de que toooodo está bajo control, si te esperas a tener esa certeza para ser feliz, probablemente nunca lo serás),

-Esos son solo unos pocos ejemplos de los pensamientos automáticos del tipo perfeccionista.

 Desafía esos pensamientos automáticos; si no sabes cómo:

TOMA UNA TERAPIA COGNITIVO CONDUCTUAL

Y date permiso de ser feliz.

Un tip: revisa tu jerarquía de valores y actúa en concordancia. Pasar  tiempo de calidad con tu pareja e hijos puede ser que sea el más alto de tus valores en jerarquía de principios. Así que puedes generar  pensamientos más acordes con ese valor, pensamientos que además te darán fuerza para enfrentar ese afán perfeccionista y abrazar, en vez de la angustia, el gozo.

Por ejemplo:
“No todo lo que es digno  de hacerse, vale la pena que se haga de forma perfecta”
y otro podría ser:
“La persona perfecta es humana, por lo tanto, es imperfecta”
o sea,
nadie es perfecto”,
o aún mejor,
                      "wabi sabi”  -del Japonés:
“encuentra lo perfecto dentro de lo imperfecto”.

domingo, 16 de agosto de 2015

Protégete del abuso verbal por parte de un familiar:

Transformando emociones de la adversidad a la fortaleza.



Cómo crear un escudo protector contra el agresor verbal

Por Sarah Russek de Weiss, Psicoterapeuta Cognitivo-conductual

Más que el brillo de la victoria, nos conmueve la entereza ante la adversidad.

-Octavio Paz

¿Pero qué hacer cuando la adversidad parece haberse encarnado en nada menos y nada más que un ser querido? Un ser del que no es fácil alejarse o poner distancia de por medio; un familiar, por ejemplo, que responde al nombre de mamá o papá. O uno de esos seres queridos para  los que no fue creada la palabra divorcio. Si bien debiera existir quizá…  ¿Qué hacer cuando la voz de un ser amado se convierten en flechas hirientes, apenas salen éstas de su boca? Ya sea que las perfile el tono hiriente de su voz o las defina el contenido simbólico de las mismas?

“Las piedras y los palos rompen huesos las palabras no”-dice un conocido refrán. Sin embargo, la voz de los padres, siempre será la voz de papá o de mamá… como si el origen de nuestra esencia nos sorprendiera con forma humana y nos hablara acerca de quiénes somos -supe de una mujer de 70 años angustiarse hasta las lágrimas por un comentario hiriente proferido por su madre de 90- Quizá las palabras no rompan huesos, pero las palabras de ciertas personas pueden llegar a calarlos, aún y más allá, de los años de infancia.

Si la adversidad nos encuentra con la actitud adecuada, podemos enfrentarla con compromiso.  Aún si toma como mercenario en nuestra contra a un ser profundamente querido, habrá que enfrentarle como enemigo,  imagina si quieres, que le ha tomado ésta  como rehén a tu ser querido, o  escudo humano, para salir en tu contra. Al fin, enemigo.

Para protegerte, crea un escudo protector, a veces es necesario a la adversidad  encararla, más que para salir victorioso, para no morir en el encuentro o salir gravemente herido. Pero si no es el caso, crea un escudo protector.

En la adversidad,  conviene muchas veces dar un giro atrevido, he aquí algunas ideas de cómo hacerlo cuando viene a tu encuentro en la forma de palabras agresivas o hirientes por parte de un ser querido:

·         Desvía el tema. Tenemos derecho de no hablar de lo que no queremos.

·         Contesta con monosílabas. Por ejemplo, “Aja”, “no me digas…, como si fueran en otro idioma. Ejemplo; “¿eres un idiota?” –“¿A qué te refieres con idiota?”

·         El agresor  espera que le contestes algo acorde a lo que te dice, si lo confundes con dichos fuera de lugar lo harás pensar y lo desviarás del tema.

·         Has como si fueras una máquina fuera de servicio: cuando te agredan enfrenta las palabras como si no las entendieras, por ejemplo, ante “¿eres un idiota?” –“A qué te refieres con idiota?”

·         Recuerda que el que pregunta manda:  tú se el que hace las preguntas. Eso hace pensar al agresor y tú tienes tiempo de pensar sobre el ataque.

·         Paraliza a tu adversario con un abrazo.  El agresor espera activar tu enojo, si le “agradeces” el comentario (como si fuera constructivo) y lo abrazas o tocas el hombro, etc. ¡Lo dejarás asombrado!

·         Usa un cumplido (un sarcasmo discreto, no agresivo). Por ejemplo, “Jamás llegarás a tener éxito”  –“Admiro tu sabiduría, gracias por esta ayuda existencial.”

·         No lo tomes como algo personal:  la gente puede decidir querer verte enojado, pero tú decides cómo tomas sus comentarios. Una persona puede querer venderte una chancla apestosa y vieja, pero tú decides si la compras o no.

·         Recuerda que la gente habla proyectando parte de lo que son. Quien con arrogancia devalúa y se mueve con desdén en realidad proyecta sobre los demás lo que esconde de si mismo: su sentimiento de inferioridad. La gente se resistirá por lo tanto a ser cariñosa con él o ella; y aunque en el fondo no quiera ser rechazado(a), provoca aquello que más teme, y se irá quedando solo(a).

Es necesario protegernos del agresor verbal, pues el daño que hace el abuso verbal, aunque no se vea, es interno… con el tiempo, miles de frases, cientos de miles de tonos agrios de voz, y miles de miles de expresiones de desapruebo, -cuando son lanzadas por nuestros seres más queridos, de quien esperaríamos sólo amorosa ternura y contenedora comprensión-, generan sin duda una especie de osteoporosis del alma. Las palabras  no rompen huesos, pero pueden dejar vulnerable  el centro mismo de la estructura del individuo: su sentido de valía, su seguridad, la esencia de su sentido del Ser.

De ahí que sea tan importante crear un escudo protector, pero si éste no es suficiente frente a lo que parece ser la artillería pesada, descansa… simplemente aléjate. Muchas  veces la mejor victoria, la da la batalla no realizada.

Si necesitas apoyo para fortalecer tus escudos protectores, o para sanar los huesos del alma, o quizá para lograr ganar una nuevamente seguridad en ti mismo(a), con las menos batallas posibles, llama y haz una cita, con gusto te atenderemos.

Y recuerda, la adversidad es un espejo en el que deben mirarse aquellos que deseen verdaderamente conocerse. Pero cuando toma forma de agresión verbal, es sabio mirar  a la agresión verbal cual enemigo; que no te engañe el lobo disfrazado de oveja. Si lastima no es amor. Si no hay respeto, no es amor.

jueves, 13 de agosto de 2015

Dí "No" a la codependencia emocional

Transformando emociones de la adversidad a la fortaleza.



-Ya no seas codependiente.

Por Sarah Russek, Psicóloga Cognitivo Conductual

 ¿No logras encontrar la persona adecuada?

¿Parece que la cosa no funciona por más que hagas?

¿No te quieren, como tú les quieres?

                Sin darte cuenta puedes estar viviendo las consecuencias de una forma de relacionarte llamada CODEPENDENCIA.

                En principio la palabra codependiente se acuñó para describir a las personas que se descontrolan al asumir la responsabilidad de “salvar” a otra dependiente de una droga.  Pero en los últimos años la definición se ha ampliado e incluye a todas las personas que se convierten en víctimas en el proceso de rescatar a cualquier persona compulsiva, adicta, que les maltrata o que depende excesivamente de ellas (o ellos).

                Es común que la persona no sienta que es “codependiente” y que sólo “tiene problemas con los hombres” o con “las mujeres”. Es común echarles  la culpa a las personas con las que se ha   estado, y que a cada una de las parejas se les vea como un caso aparte. Sin embargo, si miras bien, en realidad es muy probable que detrás de tus elecciones de pareja haya un patrón.

                No es tan fácil, sin ayuda de un proceso terapéutico, darse cuenta de la pauta detrás de tus elecciones de pareja. A veces simplemente la persona cree que sólo está buscando al tipo de pareja capaz de valorar a una mujer (o a un hombre) generosa(o), atenta(o), amante y servicial.

                -Después de todo, siempre habrá por ahí alguien dispuesto a amar a alguien así, que cree que la codependencia es una actitud noble, ¿o no?

                El codependiente no se da cuenta de que, a lo que llama “dar y ayudar”, en realidad es excluirse. Dar a todos salvo a sí mismos es tener una actitud codependiente. 

                Si crees que el problema son los otros, chécate esto: quizá tú hayas alterado aún más el  comportamiento “insensato” de “tus parejas” al ir  “limpiando detrás de ellas”. Pregúntate si no encuentras en tus acciones un patrón, si no tienes demasiado empeño en hacer pareja con personas de alguna manera perturbadas. En terapia podrás ver con más claridad cómo este patrón tiene su origen en la relación primera, la más importante de todas: con tus padres.  Con ayuda de un proceso terapéutico,  se facilita y se acorta  el camino hacia la interdependencia en las relaciones interpersonales, en donde las dos personas tienen igual peso dentro de la ecuación del amor.

                La siguiente lista describe comportamientos y sentimientos, te ayudará a saber si eres codependiente  (ya sea de tu pareja o de alguna otra persona); con el fin de que, si es necesario, busques ayuda. Revisa si te identificas con las siguientes afirmaciones:

1.       Resolverle sus problemas o aliviarle su dolor es lo más importante que hay en mi vida, por más alto que pueda ser el costo emocional para mí.

2.       Que yo me sienta bien depende de la aprobación de él (o ella).

3.       Le protejo de las consecuencias de su comportamiento. Miento por el (ella), le encubro y jamás dejo que alguien hable mal de él (o ella).

4.       Me esfuerzo muchísimo por lograr que él (ella) haga las cosas de acuerdo a como yo las entiendo y/o le aconsejo.

5.       No presto la menor atención a cómo me siento yo  o a mis necesidades, siempre están antes las de esa otra persona especial, (o las de otros).

6.       Soy capaz de hacer cualquier cosa para que esa persona no me rechace.

7.       Soy capaz de hacer cualquier cosa para que esa persona no se enoje conmigo.

8.       Despierta en mi mucha más pasión una relación tormentosa y dramática.

9.       Soy perfeccionista y me recrimino por todo lo que sale mal.

10.   Durante buena parte del tiempo me siento enojada(o) o usada(o) – siento que se aprovechan de mi- y no me siento  reconocida(o).

11.   Finjo que todo va bien aunque no sea así.

12.   El esfuerzo por conseguir que esa persona me valore o me ame domina mi vida.

(Fuente: Susana Forward, 1989).


Si respondes con un sí a alguna de las frases anteriores puedes empezar a indagar si eres una persona codependiente, y si respondiste que sí a más de tres, puedes comprobar hasta qué punto eres verdaderamente codependiente.

Al principio puede asustar saber la verdad, pero pronto toma un sentido libertador saber qué tienes que trabajar en tu persona y es esperanzador vislumbrar la posibilidad de salir de tan tortuoso círculo vicioso. Además, no es necesario caminar en soledad por ese camino, si buscas la ayuda de un terapeuta capacitado. Con ayuda profesional es muy probable que tu proceso sea un renacer bastante armonioso. Busca ayuda. Una muy buena opción, es dar inicio a una Terapia Cognitivo Conductual.




domingo, 10 de marzo de 2013

¿Te atreves a soñar?


Transformando emociones de la adversidad a la fortaleza.




¿Te atreves a soñar?


Sueña...




-Por S. Russek